Nuevos espacios expositivos

El mundo del arte anda un tanto revolucionado y con él los espacios expositivos. Históricamente limitado a palacetes y grandes museos de carácter casi sagrado, el arte irrumpe en la ciudad cada vez de formas más innovadoras.

Una de las tendencias que caló con más fuerza en el siglo XX fue la denominada “cubo blanco”, donde las obras se disponían en un espacio exento y neutral, aisladas de su contexto inmediato permitiendo que cualquier colección pudiera ser contada en ese mismo lugar. Sin embargo, a medida que avanzaba el siglo, el arte fue abandonando esa unidireccionalidad para dar paso a un receptor más activo que actuaba en la obra casi como un agente que interfería y la condicionaba. Aparecen entonces nuevas tipologías artísticas que se experimentan en otros medios:

La calle, como acceso al universo más público que permite crear experiencias estéticas y sociales. No se basa sólo en un espacio de exposición sino en un generador de espacio que habla de lo arquitectónico, lo artístico, lo urbano, lo público y lo social.

Las personas aparecen también como portadores de piezas artísticas a través de la moda. Impresas en sudaderas y camisetas, muchas marcas se alían con artistas que exponen sus obras a través de la ropa. Es una manera de unir estas dos disciplinas y obtener un beneficio en doble sentido.

Siguiendo esta línea de reciprocidad, cada vez son más los espacios versátiles que dan uso a varias especialidades simultáneamente, como es nuestro caso, donde el estudio de arquitectura se transforma y adapta temporalmente para dar cabida a una exposición de pintura. Así, la exposición Brillo de Cuervo de Julia Santa Olalla, es una muestra que coexiste con el estudio en pleno funcionamiento, ofertando productos culturales hacia el exterior y generando cierta curiosidad hacia el interior. Es un híbrido entre ocio y trabajo, que relaciona aún más pintura-arquitectura, proyectando de alguna manera a través de estas obras el tipo de arquitectura joven y contemporánea que aquí se realiza.

Por tanto, alejados de esa tendencia del white cube, el contexto y el lugar juegan un papel fundamental en estos tiempos, dando una mayor importancia a la experimentación del espacio como parte de la obra.


The art world is quite revolutionized, and so the exhibition spaces are. Historically limited to old mansions and great museums with almost ‘sacred nature’, the art bursts the city increasingly in innovative ways.One trend that squeezed hard in the twentieth century was “the white cube”, where artworks were exposed in a exempt and neutral space, isolated form its context, and every art collection was able to be shared in the exact same place. However, as the century was moving along, the art was leaving that unidirectionality to give a step to an active receiver that acted in the play as an agent to interfere on it. As a result, new artistic tipologies appeared experimenting in other media:

The street, as an access to the public universe, that allows creating aesthetic and social experiences. It is not only an exhibition space but a space generator which talks about the architectonic, the artistic, the urban, the public, and the social.

People also appear as an art canvas for fashion. Printed in sweaters and t-shirts, many brands are allied with artists who expose their work through out clothing. This is a way to join these two disciplines and obtaining a double sense benefit.

Following this reciprocal line, there are increasingly versatile spaces which combine several uses at the same time, as is our case, where the architecture studio is transformed temporarily to accommodate a painting exhibition. Thus, the exhibition Brillo de Cuervo by Julia Santa Olalla, coexists with the fully working studio, offering cultural products outwards and some curiosity inwards. It is an hybrid between leisure and work that links even more painting-architecture, projecting through out these artworks the kind of fresh and contemporary architecture made in this place.

So, far away from this trend called ‘white cube’ , the context and the space play an important role nowadays, giving value to experimentation as a part of the work.

 

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